¡Ha muerto Fidel Castro!
Q.E.P.D. El Comandante de la
Revolución Cubana
| Plaza De La Revolución. Habana Cuba. Foto: DEES |
La noche de ayer 25 de noviembre
del 2016, a los 90 años de edad, murió el Comandante de la Revolución Cubana,
Fidel Castro. Detrás de él, resulto aparatoso el festejo que los estadounidenses
nacidos en Cuba hicieron y a raíz de ello, a muchas personas vi comentando
sobre la alegría de que Fidel estuviera muerto, muchos le desearon que se fuera
al infierno y llovieron insultos, no obstante, me llamo la atención que no todo
fueron insultos, que hubo voces que señalaban algunas de las cosas positivas de
su gobierno que las noticias provenientes de la isla incluso a través de
blogueros, eran no de alegría por parte de los cubanos sino de duelo legítimo y
entonces, recordé las 3 ocasiones que he tenido la maravillosa oportunidad de
estar en Cuba, las 3 mismas ocasiones que me permitieron lograr la idea con
diversos matices que hasta el día de hoy tengo de la Isla, su Revolución, su Comandante
y sus Cubanos.
La primera vez que partí con
destino a Cuba, esperaba encontrar a un pueblo de indigentes pues es lo que yo
creía que eran y claro que al hablar de indigentes me imaginaba a la indigencia
tal como la conozco en el mundo libre (incluyendo en EUA), es decir, gente hurgando
comida en la basura, personas viviendo en las calles, algunos profundamente
tristes deambulando de un lado al otro, extendiendo la mano para pedir limosna;
me imaginaba que encontraría un pueblo cargado de desilusión y para ser franca,
desde que me invitaron a ir a Cuba, yo no quería ir pues tenía la peor idea de
lo que allí sucedía.
Finalmente me convencieron y fui
a dar a Cuba; cuando llegamos a la Habana, sentí que estaba en la segunda
película del Padrino, las edificaciones no solo antiguas sino deterioradas,
todos los autos y mobiliario que podía verse, te daba literalmente la idea de entrar
en 1950. En pocos minutos después de llegar a tierra cubana, comenzó la
interacción con los habitantes de la Isla, tenía tanto que quería preguntar…
Al principio no me atreví a
preguntar nada, tenía miedo de lastimar sentimientos con preguntas que les
recordaran su infortunio, sin embargo, las personas que conmigo venían, no
tardaron en darse a la tarea de comenzar la “preguntadera”; después de escuchar
las respuestas de los primeros 2 ó 3 cubanos, perdí el miedo a lastimar “sus
sentimientos heridos por la Revolución”, así que me uní a la constante
entrevista que le hacíamos a todo cubano que se nos cruzaba en el camino.
Después de varios días en la Habana, decidimos rentar un auto e irnos a pasear
por la Isla y tras varios días de recorrer Cuba, mi idea de lo que eran los
cubanos en aquella Isla, cambio para siempre. He estado en dos oportunidades
posteriores en ese país y en ninguna ocasión vi una diferencia que me hiciera
cambiar la opinión acuñada en mi primera experiencia cubana. Por lo mismo, le
pido al lector, comprenda que una opinión mía jamás pretende ser la verdad
absoluta, pretende más bien compartir mis propias vivencias y puntos de vista.
| Hotel Inglaterra. en la Habana Cuba. Foto: DEES |
En cuanto me anime a tomar la
oportunidad de hacer una observación antropológica de Cuba, lo primero que
quise saber es ¿por qué los cubanos odiaban tanto a Fidel? Para mi sorpresa,
descubrí que la mayoría de los cubanos que conocí en la isla no solo no lo
odiaban, de hecho, lo admiraban, lo respetaban y lo querían bastante diría yo.
Claro que no les gustaban cosas como el no poder usar tenis Nike (como los de
los turistas, decían ellos), querían playeras de la NFL, perfumes Chanel,
zapatillas, algunas mujeres mencionaron que les gustaría tener algunas joyas,
tener televisiones en sus casas, ropa de moda y otras cosas que veían en los
turistas y que los cubanos de Miami les presumían. Con respecto al tema de ese
tipo de carencias, supe que si existía en la Habana un bar en el cual las
mujeres se prostituían para que les pagaran la entrada al bar, las bebidas y
les dieran algo de dinero para comprarle a las turistas algunas cosas que
trajeran de moda; también supe que en otros bares en distintos lugares de la
isla, se podía encontrar este tipo de práctica, que si bien no era algo común
(en la percepción de los cubanos), si era algo que algunas mujeres hacían.
También causaba molestia el tema
de tener que hacer un trámite largo y engorroso para salir de cuba; el trámite
consistía en que el cubano que quisiera salir de la isla, tenía que hacer una
carta explicando el motivo de su salida de la isla, el tiempo que se ausentaría
y, lo más importante, la invitación oficial que debía tener. Esta invitación
oficial era una especie de carta en la que la persona o familia que estuviera
invitando a su país al cubano en cuestión, tenía que demostrar que tenía la
capacidad de hacerse responsable por los gastos del cubano a quien le extendía
la invitación; se tenía que demostrar que el cubano a quien se invitaba tendría
asegurado su hospedaje, alimentos y transportación desde la isla y de regreso y
ciertamente lo más molesto del tema era que el tramite podía ser tardado, desde
seis meses hasta un año. Durante ese tiempo, el estado evaluaba si en realidad
la invitación extendida era de buena fe para su connacional y si además la
información sobre responsabilidad era fidedigna y confiable, después de hacer
las evaluaciones, el estado decidía si permitía o no la salida al cubano
invitado; el trámite podía hacerse de forma más rápida en el caso de los
deportistas (invitados a competencias internacionales), artistas de todo tipo
(escritores, actores, bailarines, pintores, músicos, etc.) o por cuestiones de
emergencias médicas para especialistas requeridos en el exterior.
Tenían quejas como no poder
acceder a un auto propio, se dolían de que no podían comer carne más que
una vez a la semana y otra día pollo, no tenían acceso a aparatos electrónicos,
salvo cosas viejas, como ventiladores y licuadoras o algunas televisiones de
bulbos y radios antiguos que había casi en cada casa y, por supuesto hablar de
internet, teléfonos inteligentes o iPads, ni viene al caso.
Se quejaban de la ropa que usaban
pues si bien no eran hilachos, tampoco era ropa nueva para nada y ante la
primera impresión que tuve de la Habana, me interese en saber ¿por qué viviendo
todas esas carencias, entonces no odiaban a Fidel? Y ahí es cuando comenzó a
desvanecerse mucho del mito cubano que yo había absorbido a través de las
opiniones más prevalecientes en México, es decir, las de la prensa inclinada
natural y geográficamente a las ideas
del vecino país del norte.
| La Bodeguita Del Medio. Habana Cuba. Foto: DEES |
Comencé a enterarme que los
cubanos (con una que otra excepción) no odiaban a Fidel pues sabían que las
carencias que padecían se las debían principalmente al bloqueo económico
impuesto a Cuba por parte de Estados Unidos, sin embargo, la mayoría de cubanos
se vanagloriaba de la dignidad de su pueblo que había sido salvaguardada con
éxito por su Comandante; también decían que ellos no tenían algunas cosas pero
que al menos no eran esclavos de los imperialistas.
Sabían si, que no podían entrar a
los hoteles ni visitar huéspedes pero comprendían que esa era la medida que se
tomaba para evitar la proliferación de la prostitución y con ello, impedir que
comenzara a haber abuso en contra de las mujeres cubanas. Entonces me entere
que en Cuba el abuso sexual y la pederastia no son problemas, supe también que
ellos no hablan de feminismo ni nada por el estilo porque simple y
sencillamente en la isla no tienen problemas de violencia de genero.
Pude notar que la gente no
parecía hambrienta, es decir, nada de flacos extremos ni falta de color, nada
de gente que pareciera cansada o algo que me señalara desnutrición en ninguna
persona, todo lo contrario, sin gente obesa pero cuerpos saludables y porque no
decirlo, buenos cuerpos en la mayoría (sin distinción de edad o genero), gente
dinámica y llena de energía, lo que por otro lado, en últimos tiempos fue
reconocido por la UNICEF y la ONU; también me di cuenta que muy temprano en la
mañana niños corrían de un lado a otro uniformados, en grupos, algunos
acompañados por adultos y me llamaba la atención que durante todo el día hasta
más o menos las 4 ó 5 de la tarde, no se volvía a ver a ningún niño por ningún
sitio ¡SI! ¡En ningún sitio! pero llegada la tarde, de nuevo niños uniformados
se veían correr de un lado a otro y entonces, podías encontrarlos jugando o
haciendo distintas actividades por aquí y por allá; ante la duda de si los
niños pasaban casi todo el día en la escuela, pregunte a unos cubanos del tema y
la respuesta fue:
“es que los niños se van a la escuela muy temprano y regresan hasta
tarde, pues tienen hasta 7 clases por día (aun en primaria), entre ellas,
clases de arte e idiomas. También salen más tarde porque desayunan y comen en
la escuela, así ya solo tienen que cenar en sus casas”.
Nos contaron que el estado alimentaba
en las escuelas a los niños y en casa ya nada más tenían que hacer una de las
comidas; supimos que la alimentación que da la escuela es bastante buena y que
en el caso de los adultos, se otorgaban bonos para obtener lo necesario en
orden a tener 3 comidas al día. Lógicamente con la ignorancia que yo cargaba
respecto a Cuba en aquel momento, pregunte: y ¿Qué hacen con los niños de la
calle o aquellos que no asisten a la escuela? ¿se quedan sin comer? La
respuesta que obtuve en un principio fueron unas contundentes carcajadas por
parte del grupo de cubanos, después de eso, se disculparon explicando que les
había parecido “cándida” mi pregunta y ¿por
qué cándida? Pues porque según lo que ellos nos contaron (y pudimos corroborar
con bastantes más cubanos y observando la realidad de la isla), no existía tal
cosa como niños en la calle y por ningún motivo un niño podía faltar a clases
pues si un niño no llegaba cualquier día a la escuela, el procedimiento era
llamar a la casa del niño, preguntar ¿qué había pasado con él y el porqué de su
ausencia? y si el profesor o profesora no obtenían respuesta o lo que obtenían
era una excusa, entonces se hacía un reporte a la autoridad y esta misma,
expedita eso sí, acudía al domicilio del menor y encarcelaba a los padres o
tutores por no haber llevado al niño a la escuela. En caso de que el niño
estuviera enfermo, entonces se tenía que acudir forzosamente al médico, quien evaluaba
y recetaba al menor, se hacía cargo de extender los bonos de alimentos
necesarios para la alimentación adecuada del niño durante su padecimiento y
finalmente daba aviso a las autoridades correspondientes (incluso las del
plantel al que el niño asistía) sobre la enfermedad del menor, además otorgaba
un justificante oficial que servía más para no encarcelar al padre que para
justificar las faltas del niño.
Para ser muy franca, me sorprendí
bastante de saber todo eso y después de saberlo, me percate que en muchos
espectaculares de la isla, decía más o menos así:
“Hoy 150 millones de niños dormirán en la calle… Ninguno es cubano”.
“La Revolución”
¡SI! Ciertamente también me
sorprendió que los espectaculares en Cuba no anunciaran más que logros de la
Revolución Cubana, nada de ventas, nada de marcas, solo logros.
Después, nos enteramos que todos
los cubanos estaban obligados por ley a estudiar al menos hasta terminar una
licenciatura, que los niños desde muy pequeños asisten a la escuela y que
absolutamente todos los cubanos hablan español (culto por cierto), ingles
perfecto y pueden elegir un idioma adicional para aprender en sus escuelas.
También supimos que el morir de
hambre no era precisamente lo que les sucedía a los cubanos (al menos no en el
modo literal de la frase), el problema era que tenían vales de carne y pollo
una vez a la semana, el resto de la semana, la dieta era a base de frijol,
huevo, arroz, verduras, avena y otras cosas pero también supimos que estaban
educados a llevar un régimen de alimentación balanceado que si bien era comida
aburrida por ser siempre la misma y nunca conocieron el mal del puerco, tampoco
jamás padecieron desnutrición, hambre ni enfermedades provocadas por exceso o
falta de alimento. Supimos por fin que en Cuba la inanición simplemente ¡no
existe!
Hubo quienes nos contaron sobre
su sistema de salud y como es que era eficiente y de alta calidad, que el
estado proveía todos los servicios médicos necesarios para los cubanos, los medicamentos
e incluso la cirugía estética; eso sí, nos aclararon que para cirugías
plásticas estéticas, la lista de espera podía ser hasta de un año pero al final
les hacían sus arreglitos si así lo deseaban. Por primera vez pudimos abandonar
el mito de que a la gente de la isla se le tenían que enviar medicamentos desde
el exterior, pues no hubo un solo cubano con quien tocáramos el tema que nos
corroborara que eso fuera cierto de modo alguno pues con gran seguridad decían
que el estado les daba absolutamente todos los medicamentos que necesitaran y
que más bien lo que si pasaba es que de Cuba salían al exterior del país,
algunos medicamentos avanzados producidos en la isla.
Nos contaron sobre sus muy bajos
índices de delincuencia; decían que la verdad nadie robaba porque no veía nada
envidiable en sus connacionales como para tener ganas de robar; nos contaron
que no había homicidios más que muy rara vez y que a veces lo que si llegaba a
pasar era que algunos se enojaran entre ellos y se liaran a golpes pero que de
ahí no pasaba casi nunca; no había abuso sexual y que el tema de la violencia
de genero para ellos ni siquiera existía; también supimos que (quizá por
evidentes razones) los problemas de alcoholismo y drogas eran definitivamente
algo que jamás toco a la Cuba Revolucionaria y evidentemente el narcotráfico y
la delincuencia organizada ni en sueños.
Sobre gente en situación de
calle, resulta que no existía pues todos tenían un techo donde vivir, el
problema era que las casas tenían que compartirse con otras familias pero que a
pesar de ello, todo el mundo tenía un lugar donde vivir. También nos contaron que Fidel no
poseía como tal una propiedad pues dormía cada noche en un lugar distinto en el
que nadie sabía que iba a estar.
| Monumento a Carlos Manuel de Céspedes en la Plaza de Armas en La Habana Vieja. Habana Cuba. Foto: DEES |
También nos enteraron que la
realidad de que se hubieran impuesto los tramites complejos para salir de la
isla, tenía su origen casi al principio del régimen Revolucionario pues según
los cubanos (e incluso algunos documentos exhibidos en alguno de los museos de
la Revolución), el problema había comenzado porque muchos cubanos privilegiados
por el régimen de Batista, se escapaban de Cuba con rumbo a Florida molestos porque sus fortunas y bienes habían sido confiscados, esto sucedió hasta que
el gobierno de Estados Unidos, envió un comunicado al gobierno Castrista,
avisando que en lo sucesivo, cada vez que la guardia costera encontrara cubanos
intentando llegar a tierra estadounidense, ¡serian asesinados!… después de
recibir este ultimátum, según lo que nos contaron, Fidel prohibió la salida de
la isla a todo aquel cubano que no cumpliera con las reglas de la invitación oficial
para visitar otro país y también estableció que todo aquel que abandonara la
isla sin permiso, no podría volver.
Por supuesto que no nos costó
trabajo creer esa historia, pues ya conocíamos el tan documentado tema de que
el gobierno estadounidense, en la época nazi, dio un ultimátum parecido a
Alemania; pero como no paraba la ola de gente llegando a América, lo que
Estados Unidos decidió fue devolver buques completos, cargados de judíos, a
pesar de saber que lo que les esperaba eran los campos de concentración.
Algo que llamo mucho mi atención
fue que solo había dos canales de televisión uno era Cubavisión y el otro Tv
Rebelde, en ambos la programación era sobre historia del mundo y la Revolución
Cubana; programas culturales y la mayor parte del día aparecía Fidel haciendo
trabajo en la tierra, en la producción, en la pesca, en empacadoras (creo que
son algunos de los fragmentos que me tocó ver); también por las noches, se
transmitía en vivo el espectáculo del Tropicana y a propósito de que la
transmisión era en vivo…
Una noche fuimos a ver el
espectáculo del Tropicana, parte de la dinámica de esa noche, fue el pedir la
participación en el escenario de dos visitantes de cada país (de los que
estuvieran presentes) y una vez en el escenario, había que cantar una canción
representativa del país de donde se viniera; había varios mexicanos, sin
embargo, uno de los que se animó a subir fue uno de mis hermanos junto a otra
amiga que viajaba con nosotros; ya estando en el escenario, cantaron “El Rey”
pero nuestra amiga en medio de la canción se apeno y dejo cantando solo a mi
hermano, cuando termino de cantar, la gente aplaudió y le pidieron que cantara
otra canción, el escogió otra de José Alfredo Jiménez, termino de cantar y
después de los aplausos tomo su lugar y seguimos disfrutando el espectáculo
(hasta entonces, no sabíamos que esto se transmitía a nivel nacional en la
isla). Al día siguiente, desde que salimos del hotel la gente con la que nos
cruzábamos se acercaba a saludar a mi hermano, algunos le aplaudían en plena
calle y la verdad no teníamos idea de lo que pasaba, hasta que en uno de esos
encuentros con aplausos, mi hermano no pudo ocultar su cara de confusión, entonces
un joven cubano se volvió hacia él y le pregunto ¿tú eres el mexicano que canto
“El Rey” en el Tropicana no es así? mi hermano contesto que sí, un tanto
sorprendido y ahí fue cuando el joven cubano nos dijo: el espectáculo se
transmite en toda la isla así que todos en Cuba te vimos cantar…
Esta es una de las anécdotas más
divertidas que vivimos en Cuba, de cómo mi hermano fue famoso en la Isla y como
lo convencieron de cantar de nuevo en plena calle.
| Plaza de La Revolución. Habana Cuba. Foto: DEES |
También nos instruyeron sobre el
tema de que todos los cubanos que trabajan (que son todos, menos los que
estudian), están obligados a tener una licenciatura al menos; por ejemplo, un
taxista necesita licenciatura para que le den el permiso de ser taxista y necesita
haber estudiado un tercer idioma, no solo el español y el inglés obligatorios; en
otras profesiones como la medicina, una licenciatura no es suficiente, se
necesita tener estudios superiores que por supuesto el estado provee; nos
contaron que pueden trabajar en lo que ellos quieran pero toda vez, que todos
son profesionales, hay listas de espera y que en el caso de algunas profesiones
la lista de espera puede llevar años, mismos que dedican a trabajar en algo
distinto de su profesión.
Nos dimos cuenta que todo lo que
se consumía (las primeras dos veces que estuve ahí, la tercera comenzaba a
haber productos de importación), era producido desde el principio en la isla,
por ejemplo, tenían un refresco llamado Tu Cola que era el equivalente a la
Coca Cola y tenían otro refresco llamado Tropi Cola que era el equivalente a la
Pepsi y gracias a esos refrescos, tuvimos una tarde de muchas risas pues, como
en todos los lugares, algunos restaurantes tenían Tu Cola y otros tenían Tropi
Cola, solo en algunos había las dos opciones, así que una tarde entramos a un
restaurant y al momento de ordenar, sucedió lo siguiente:
“La mesera tomo nuestra orden de
alimentos y después de eso, pregunto en principio a nuestro amigo: ¿Qué va a
tomar?...
Mi amigo le pregunto: ¿Tienes Tu
Cola?
Entonces la mesera le respondió:
¡No! ¡Tengo la tuya!
Mi amigo se puso completamente
rojo, estaba apenadísimo, se quedó sin poder decir ni una palabra por varios
segundos hasta que de pronto sintió la necesidad de aclararle a la chica que no
había intentado ofenderla sino que él estaba preguntando por el refresco
llamado Tu Cola, entonces la mesera comenzó a reírse y finalmente le contesto:
Sí, yo me refería a que tengo
Coca Cola…”
La verdad es que fue tan
sorpresivo que reímos de muy buena gana todos, comenzando por la chica cubana
que nos atendía.
Con el paso de los días y ya
viajando a otros lugares de la isla, descubrimos que Varadero es la versión
cubana de Cancún y que ni de lejos, las edificaciones están viejas ni feas; también
tuvimos la oportunidad de visitar Santiago De Cuba y otros pueblos que no son
famosos por el turismo, pero la sorpresa nuestra fue, que al salir de la
Habana, el resto de Cuba y todos los pueblos que visitamos, sin excepción, no
solo no son pueblos viejos o feos sino que de hecho recuerdan más bien a los
pueblos mágicos de nuestro país; casas bien pintadas, arregladas, calles en
perfecto estado, limpias, pintorescas; fue como si la Habana hubiera quedado
como una especie publicidad o recordatorio del antiguo régimen y nada más.
Cada oportunidad que he tenido de
estar en Cuba, desde la primera vez, lo que he observado siempre es a un pueblo
que es feliz a pesar de sus carencias, a pesar de lo que aún les falta por
conquistar, siempre me dejaron con la sensación de que en general, los cubanos
de Cuba son de las personas más felices que he visto y tratado en el mundo.
Dicen “que el amor y la felicidad
no se pueden ocultar” y yo no sé cuántos cubanos sean conscientes de lo que
demuestran sin poder ocultarlo, pero cuando uno convive de cerca con los
cubanos en la isla, eso que se ve en sus rostros, en como hablan, su convivencia,
su energía, sus movimientos, sus bailes, sus risas… Yo creo que eso es la
felicidad de un pueblo; pobres ¡sí! con carencias ¡si! pero de algún modo ¡felices!
No creo que el gobierno de Fidel haya sido
perfecto, ni creo que a los cubanos no les haya faltado nada, lo que sí creo,
es que tampoco les falto todo ni les falto tanto; creo que la paz a la que han
tenido acceso es un lujo que desafortunadamente muchos otros países no hemos podido
comprar, vaya ni siquiera el Imperio goza de esa paz. Así que tiendo a pensar que el gobierno Revolucionario de Fidel, tuvo su parte perfectible pero también tuvo una parte muy buena y de ese mismo modo, es como yo creo que la mayoría de los gobiernos en el mundo son.
Al final, solo el tiempo dirá cuál es la verdad; sin embargo, en esta época, me inclino a pensar que si aquellos que de verdad vivieron en la Isla el gobierno de Castro hasta el último de sus días, aquellos que lo sufrieron o lo gozaron, son los mismos que han ido por las calles llorando su muerte, es porque quizá la opinión que muchos en el mundo tienen de ese régimen, no coincide tanto con lo que el verdadero cubano isleño experimento y tiendo a pensar que tal vez el verdadero cubano sea el único que en verdad pueda reprobar y maldecir a Fidel Castro o aplaudir sus decisiones y bendecirlo en su partida.
Al final, solo el tiempo dirá cuál es la verdad; sin embargo, en esta época, me inclino a pensar que si aquellos que de verdad vivieron en la Isla el gobierno de Castro hasta el último de sus días, aquellos que lo sufrieron o lo gozaron, son los mismos que han ido por las calles llorando su muerte, es porque quizá la opinión que muchos en el mundo tienen de ese régimen, no coincide tanto con lo que el verdadero cubano isleño experimento y tiendo a pensar que tal vez el verdadero cubano sea el único que en verdad pueda reprobar y maldecir a Fidel Castro o aplaudir sus decisiones y bendecirlo en su partida.
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